Nuestros equipos se parecen al aparato judicial. Dan mil vueltas, se regresan, avanzan, vuelven; parece que se acercan al rival. Detienen la pelota, la devuelven, se la entregan al adversario y esperan a que se acabe el partido.
Pensándolo bien, mire usted, el fútbol nos sirve de pretexto para comprendernos como nación. Cortos, muy quedados en temas parecidos: desarrollo cultural, economía, o incluso historia. Recuerde que se debatió en algún momento la posibilidad de acabar la cátedra de historia e intensificar el deporte, que se traduce en fútbol. Eso quiere decir, que la idea era menos memoria, conciencia histórica y más inmediatez, ligereza y frivolidad.
No tenemos Pelés, ni Maradonas, ni Messis. A cambio llegamos a tener José Obdulios, Hurtados, Santoyos y Gavirias que sí saben hacerle gambetas y fuera de lugares a nuestra política.
¿Ha escuchado usted las entrevistas que les hacen a los futbolistas? Se queda uno petrificado entre la tristeza y el asombro; entre el horror y la risa discreta: no se les entiende absolutamente nada, no dicen nada; siempre a medio camino de lo que podría haber sido pero nunca se logró; parecen una muestra de la crisis que vive nuestra educación.
Nuestros equipos se parecen al aparato judicial. Dan mil vueltas, se regresan, avanzan, vuelven; parece que se acercan al rival. Detienen la pelota, la devuelven, se la entregan al adversario y esperan a que se acabe el partido. Luego imputan su responsabilidad a otros: al árbitro, a la cancha, a los hinchas; que la policía no hizo el procedimiento correcto, que el testigo es un personaje sin credibilidad; siempre hay un pretexto.
Los últimos casos judiciales son una metáfora de este deporte: Torneo Colmenares, Relámpago amistoso El Pastor de Pasto, El cuca patada Varela Bellini contra los motociclistas.
Siempre hay una especie de remembranza cuando se habla de fútbol. Datos y números, estadísticas que no dicen nada pero que emocionan. Alocuciones presidenciales con el mismo tono, con la misma estructura. Ilusionan y luego el encanto se vuelve frustración, y después de cuatro años, de nuevo en esperanza. ¿Cómo se puede creer así?
No sé si el problema es de herencia o de si el león se comió al cuy o de directores técnicos que sepan planificar no un partido sino un torneo, una nación. Lo que sí nos queda claro es que algún día lo lograremos, algún torneíto, así sea de barrio, podremos ganar. Que nos gobierne el técnico de Santa Fe, ese sí sabe.
Harvey Murcia | Cartel Urbano
No hay comentarios:
Publicar un comentario